lunes, 5 de noviembre de 2012
TRES AÑOS RECLAMANDO A DIOS EN LA AUDIENCIA NACIONAL
...Y QUERIENDO APLASTAR EL CAPITALISMO.
Porque no todos los días se cumplen tres añitos.
- Kevin Laden -
jueves, 20 de septiembre de 2012
RÉQUIEM POR LA MUERTE DE UN TRAIDOR
”El color morado de una bandera no merece otra guerra civil”.
- Santiago Carrillo -
Es imposible refutar el destacable papel histórico que jugó Santiago Carrillo dentro del movimiento comunista español, sería un grave error negar la importancia de sus años en el exilio y de su etapa como miembro y dirigente del PCE, así como su significativa pluma apaciguadora durante la transición, que supuso el entendimiento entre los asesinos de la democracia y sus ensangrentadas víctimas, a las que nadie, ni siquiera Don Santiago, preguntó si estaban dispuestas a perdonar a quienes las enterraron. Por todo esto es por lo que, quien hoy llora la muerte del histórico dirigente es, sobretodo, la oligarquía española. Si hablamos de su posición dentro del comunismo en España, podríamos decir que se dedicó a liquidarlo casi desde el principio, transformando un partido de vanguardia que fue clave para la movilización de la clase obrera, en una comunidad estéril que en nada hacía honor a sus ya mancilladas siglas, y que no pudo más que fraccionarse o seguir acatando y abrazarse a la todavía joven Europa del capital.

Entre tanto las movilizaciones en las calles enardecían el crepúsculo que había visto estallar a Carrero Blanco, sacrificar a Salvador Puich Antich, morir al dictador golpista entubado en una cama o el tiroteo indiscriminado de Atocha, y que ahora iba a ver amanecer un nuevo y modélico período democrático, nuestro Iscariote de gafas de pasta regresaba del exilio y compartía el humo de sus ducados con ratas como ManuelFraga, Felipe González o Adolfo Suárez, y se arrodillaba ante cualquiera de las condiciones que le habían sido impuestas desde el gobierno de éste último. No tardaríamos pues, en encontrarnos a un PCE recién legalizado, pero poco tenían de qué alegrarse los verdaderos comunistas, los militantes auténticos, aquellos que habían dedicado años y años a un Partido que acababa de renunciar a los fundamentos leninistas y a la república como modelos políticos, que aceptaba con gusto los colores de la bandera oficial del estado, así como las bases militares extranjeras que en él se asentarían. Según los carrillistas, Santiago “hizo lo que pudo” y no es fácil hablar de aquella época desde el desconocimiento, sin haber estado allí. Otros creemos que, más que lo que se pudo, se hizo lo que convenía a quienes iban a tener la poltrona bien calentita y con la forma ya amoldada de sus aventajados traseros.
Cierto es que Madrid resistió tres años los bombardeos de los fascistas, pero el Partido Comunista de España no pudo resistir que le desgarraran las entrañas de un modo tan ruin. Acababa de nacer una democracia llena de malformaciones, un armatoste construido sobre las tumbas de decenas de miles de hombres y mujeres que jamás se hubiesen conformado con “hacer lo que podían”, y que por eso se dejaron la vida en la batalla. Desamparados quedaron unos ancianos que ya se habían percatado de qué iba todo aquello, así como unos jóvenes que crecían y estaban empezando a creer en un ideal. Carrillo fue el proxeneta que vistió de noche y sacó a lucirse en una esquina a la esperanza de la clase trabajadora, para que la oligarquía y sus nuevos intereses la penetraran por todos sus orificios. Razón de sobra tiene hoy la clase política para agradecerle su contribución a que nada se torciera, a que todo fluyese por los cauces correctos. ¿Cómo iba a quedar todo atado y bien atado con un partido comunista férreo y con capacidad de sobra para movilizar a las masas y crear en ellas una conciencia de clase? Es imposible refutar el destacable papel histórico que jugó Santiago Carrillo dentro del movimiento comunista español, de eso no hay duda.
- Kevin Laden -
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Comunismo,
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jueves, 8 de marzo de 2012
SIN OVARIOS NO HABRÁ REVOLUCIÓN
"Tú conoces la historia y mucho más,
y esto no te lo pueden perdonar."
- Pablo Milanés (Canción para Angela Davis) -
- Kevin Laden -
martes, 21 de febrero de 2012
NIÑOS MALOS
- Buenos días, cielo, ¿qué tal has dormido hoy?
La niña, bostezando y frotándose los ojos, le lanza a su padre una severa mirada y se sienta sin responder en la silla frente a un poco ansiado desayuno, que hoy se verá obligado a enfriarse en el plato.
- ¿No vas a darle los buenos días a tu padre? – le increpa la madre, que llega en ese momento con un vaso de leche.
- Buenos días, papá.
Hunde la cuchara en el tazón de cereales, pero parece que no tiene fuerzas para volver a levantarla, así que la observa detenidamente, circunspecta y pensativa.
- ¿Te ocurre algo, mi vida? – el padre deja el diario que estaba ojeando y mira a su hija, que parece no estar de buen humor. - ¿No has dormido bien esta noche?
- Ayer vi por la tele lo que pasó en el cole ése al que fuisteis – sus grandes ojos comienzan a humedecerse mientras escrutan a su padre – les pegasteis a unos niños más mayores que yo cuando salían de su clase, ¿por qué?
El padre y la madre se cruzan una mirada helada. Estupefactos, tratan ambos de articular una palabra, un conato de frase que desvíe tan espinoso asunto, pero la hija continúa con su consulta:
- ¿Qué hicieron esos niños para que les pegarais así?
- No se estaban portando bien, cielo, cortaron la calle e impidieron a la gente circular.
- ¿Y por eso le hicisteis sangre en la cabeza a una niña?
- Eso fue un accidente, amor.
- Pues en la tele no parecía un accidente, le pegaron a propósito y con mucha fuerza, ¿fuiste tú?
- No, no fui yo, amor mío.
- Pero estabas allí, ¿no?
- Estaba allí, pero yo no le pegué a esa niña, debió ser un compañero, que con la confusión golpeó sin querer a esa chica.
- ¿Y a los otros niños que arrastrabais por el suelo?
- Ya te lo he dicho, cielo, se estaban portando mal, estaban impidiendo el paso a la gente y los teníamos que echar.
La niña levanta la cuchara y la inspecciona con el ceño fruncido, tras unos segundos, comienza a negar con la cabeza, mostrando un gesto reflexivo.
- En mi cole dicen que esos niños no estaban haciendo nada malo, que vosotros fuisteis a provocarles, y que sólo estaban pidiendo que les den dinero para una estufa porque en su clase hace mucho frío, igual que en la mía. ¿Qué tiene eso de malo?
-Cariño, no has comido nada y vas a llegar tarde a clase.
- No tengo hambre.
- Anda, sé buena y tómate al menos la leche.
- Y si no soy buena, ¿me pegarás como a la niña de ayer?
- No digas tonterías, mi vida, ¿cómo te voy yo a pegar? Haz el favor de comer y coger fuerzas, que seguro que no has dormido nada esta noche.
Ésta le clava los ojos a su padre y tarda unos segundos en responder:
- ¿Y tú, papá?, ¿has dormido bien esta noche?
- Kevin Laden -
La niña, bostezando y frotándose los ojos, le lanza a su padre una severa mirada y se sienta sin responder en la silla frente a un poco ansiado desayuno, que hoy se verá obligado a enfriarse en el plato.
- ¿No vas a darle los buenos días a tu padre? – le increpa la madre, que llega en ese momento con un vaso de leche.
- Buenos días, papá.
Hunde la cuchara en el tazón de cereales, pero parece que no tiene fuerzas para volver a levantarla, así que la observa detenidamente, circunspecta y pensativa.
- ¿Te ocurre algo, mi vida? – el padre deja el diario que estaba ojeando y mira a su hija, que parece no estar de buen humor. - ¿No has dormido bien esta noche?
- Ayer vi por la tele lo que pasó en el cole ése al que fuisteis – sus grandes ojos comienzan a humedecerse mientras escrutan a su padre – les pegasteis a unos niños más mayores que yo cuando salían de su clase, ¿por qué?
El padre y la madre se cruzan una mirada helada. Estupefactos, tratan ambos de articular una palabra, un conato de frase que desvíe tan espinoso asunto, pero la hija continúa con su consulta:
- ¿Qué hicieron esos niños para que les pegarais así?
- No se estaban portando bien, cielo, cortaron la calle e impidieron a la gente circular.
- ¿Y por eso le hicisteis sangre en la cabeza a una niña?
- Eso fue un accidente, amor.
- Pues en la tele no parecía un accidente, le pegaron a propósito y con mucha fuerza, ¿fuiste tú?
- No, no fui yo, amor mío.
- Pero estabas allí, ¿no?
- Estaba allí, pero yo no le pegué a esa niña, debió ser un compañero, que con la confusión golpeó sin querer a esa chica.
- ¿Y a los otros niños que arrastrabais por el suelo?
- Ya te lo he dicho, cielo, se estaban portando mal, estaban impidiendo el paso a la gente y los teníamos que echar.
La niña levanta la cuchara y la inspecciona con el ceño fruncido, tras unos segundos, comienza a negar con la cabeza, mostrando un gesto reflexivo.
- En mi cole dicen que esos niños no estaban haciendo nada malo, que vosotros fuisteis a provocarles, y que sólo estaban pidiendo que les den dinero para una estufa porque en su clase hace mucho frío, igual que en la mía. ¿Qué tiene eso de malo?
-Cariño, no has comido nada y vas a llegar tarde a clase.
- No tengo hambre.
- Anda, sé buena y tómate al menos la leche.
- Y si no soy buena, ¿me pegarás como a la niña de ayer?
- No digas tonterías, mi vida, ¿cómo te voy yo a pegar? Haz el favor de comer y coger fuerzas, que seguro que no has dormido nada esta noche.
Ésta le clava los ojos a su padre y tarda unos segundos en responder:
- ¿Y tú, papá?, ¿has dormido bien esta noche?

- Kevin Laden -
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Brutalidad Policial
martes, 17 de enero de 2012
EL PADRE QUE NUNCA QUISIMOS TENER
"Es evidente que el glorioso alzamiento popular del 18 de julio de 1936 fue uno de los más simpáticos movimientos político-sociales de que el mundo tiene memoria. Los observadores imparciales y el historiador objetivo han de reconocer que la mayor y la mejor parte del país fue la que se alzó, el 18 de julio, contra un Gobierno ilegal y corrompido, que preparaba la más siniestra de las revoluciones rojas desde el poder".
- Manuel Fraga Iribarne -
Al fin llegó la ansiada extinción del último reptil fósil del franquismo más prehistórico, la del anciano de ininteligible pronunciación y de andares cuanto menos, curiosos, que parecía haber pactado con el diablo para no perecer nunca. Ahora sabemos que tal pacto jamás tuvo lugar. El último atisbo de brillo en los ojos de un personaje siniestro que miró al pasado y se carcajeó de él mientras firmaba la Constitución Española con la misma mano con la que tantas sentencias de muerte había firmado. El último latido de un corazón tan negro como el águila de San Juan que sirvió como soporte al escudo de la bandera preconstitucional. El último suspiro de un ser abominable que no dio respiro a aquellos que lucharon por una democracia justa y digna, una democracia, por cierto, que jamás volvimos a tener en este país desde el alzamiento militar de 1936 que éste individuo defendió a ultranza y justificó hasta el día de su muerte. Me entero del fallecimiento de Manuel Fraga antes de irme a trabajar, mirando como de costumbre la prensa en internet, consultando el correo y leyendo algunos desmanes verbales en Facebook, y lo que debiera ser una buena noticia para todos los que detestamos a los fascistas, resulta que ha acabado sabiendo más bien a poco.
Dicen de él en televisión que fue un veterano político, pero pasan de puntillas por sus 35 años al servicio de la dictadura de Francisco Franco, prefieren (como ha afirmado Rubalcaba) “quedarse con el Fraga que supo entender la necesidad de cambiar, integrarse en el sistema democrático y conseguir que con él se integrara una parte de la derecha franquista”. Por supuesto, Rubalcaba no es el único que ha preferido quedarse con el Fraga demócrata y de rostro amable, no era de recibo que medios como Telecinco o Antena 3 (a los que sólo les ha faltado llorar a moco tendido), recordaran a aquel Ministro de la Gobernación del “Carnicerito” de Málaga, que en marzo de 1976 fue partícipe del asesinato de cinco trabajadores en huelga contra el decreto de topes salariales que celebraban, junto a otros compañeros, una asamblea en la Iglesia San Francisco de Asís, en Vitoria. A aquel Ministro de Información que en 1963 presentó un dossier desprestigiando al comunista Julián Grimau tras haber ordenado su detención y posterior asesinato, con tortura y defenestre incluidos, tampoco conviene recordarlo. Las últimas ejecuciones del franquismo corrieron también de su cuenta, logrando así que el monstruo de la dictadura muriese matando, al alba, como cantó entonces Aute con voz desgarrada a ese maldito baile de muertos.

Fraga fundó el partido que hoy votan diez millones de españolitos de bien. El gallego al que todo el mundo recuerda por su baño radioactivo, quizá por efectos del mismo, mutó hasta pasar de ser un miembro plenamente activo de la dictadura, a convertirse en uno de los “padres de nuestra democracia”, adaptándose a los nuevos tiempos para poder seguir viviendo de la política en las condiciones que hicieran falta, unos lo llaman reformista, otros lo consideramos un eterno oportunista. De las seis décadas que pasó ostentando cargos en la política española, queda el eco de una frase que hoy se repite constantemente, “Fraga dedicó su vida a España”, él mismo lo dijo, y quizá es cierto que lo hizo, ya que todo lo que hizo por la dictadura hoy se lo devuelve nuestra bien querida democracia en forma de elogios, pero cuando los huesos de aquellos que no sólo dedicaron su vida, sino que se la dejaron defendiendo la libertad, se encuentran todavía desperdigados por las cunetas de todo el país, y los que sobrevivieron están falleciendo sin que nadie reconozca todavía su honrosa valentía y su incansable labor, a muchos nos avergüenza que hoy se llore a un verdugo como Iribarne, un criminal que afirmó con arrogancia que la calle era suya, que alegó con escalofriante frialdad que habría que ponderar a los partidos nacionalistas “colgándolos de algún sitio” y que, con el fervor católico que le caracterizaba, aseguró que la homosexualidad “es una anomalía”. Nos han hecho creer que la reconciliación ha sido ejemplar, que “don Manuel” supo adecuarse a una nueva era, que aprendió a convivir con la democracia preservado por el pacto de silencio que lo amnistió y logró disimular la sangre de sus manos. Si hasta lo vimos recientemente contando un chiste en un programa de humor. “Mirad la cara amable de los asesinos, reíd, pues los ejecutores y los torturadores también tienen sentido del humor, ¿es que no podéis olvidar y perdonarlos de una vez?”. Pues no, ni tan siquiera nosotros, los más jóvenes, podemos olvidar a Puig Antich ni perdonar Montejurra. La transición se permitió el lujo de perdonar por boca de quienes nunca perdonaron, de olvidar por quienes se negaron a olvidar y de equiparar a quienes atacaron con quienes se defendieron, y aquí nunca hubo paz y la gloria la acapararon los caídos por dios y por España, los sicarios de dios.

Así que ha muerto ese padre que nadie nos preguntó si queríamos tener, con loas y honores, con cristiana sepultura, recordado en televisión como “un hombre con muchos rostros”, pero somos muchos los que siempre recordaremos el único rostro que tuvo ése al que llaman hombre, el rostro de un tipo codicioso y siempre sediento de poder, un homicida cuyo pulso jamás tembló a la hora de ordenar ejecuciones y linchamientos, un prepotente y maleducado anciano que, digámoslo todo, no merecía morir así, sin juicio ni condena, sin justicia. Por eso algunos no nos alegramos de la muerte de don Manuel, porque hubiésemos preferido que la cama que lo vio irse hubiera sido la de una celda, y su sepultura, una zanja en una cuneta, como sus víctimas, como el perro que era.
- Kevin Laden -
Dicen de él en televisión que fue un veterano político, pero pasan de puntillas por sus 35 años al servicio de la dictadura de Francisco Franco, prefieren (como ha afirmado Rubalcaba) “quedarse con el Fraga que supo entender la necesidad de cambiar, integrarse en el sistema democrático y conseguir que con él se integrara una parte de la derecha franquista”. Por supuesto, Rubalcaba no es el único que ha preferido quedarse con el Fraga demócrata y de rostro amable, no era de recibo que medios como Telecinco o Antena 3 (a los que sólo les ha faltado llorar a moco tendido), recordaran a aquel Ministro de la Gobernación del “Carnicerito” de Málaga, que en marzo de 1976 fue partícipe del asesinato de cinco trabajadores en huelga contra el decreto de topes salariales que celebraban, junto a otros compañeros, una asamblea en la Iglesia San Francisco de Asís, en Vitoria. A aquel Ministro de Información que en 1963 presentó un dossier desprestigiando al comunista Julián Grimau tras haber ordenado su detención y posterior asesinato, con tortura y defenestre incluidos, tampoco conviene recordarlo. Las últimas ejecuciones del franquismo corrieron también de su cuenta, logrando así que el monstruo de la dictadura muriese matando, al alba, como cantó entonces Aute con voz desgarrada a ese maldito baile de muertos.

Fraga fundó el partido que hoy votan diez millones de españolitos de bien. El gallego al que todo el mundo recuerda por su baño radioactivo, quizá por efectos del mismo, mutó hasta pasar de ser un miembro plenamente activo de la dictadura, a convertirse en uno de los “padres de nuestra democracia”, adaptándose a los nuevos tiempos para poder seguir viviendo de la política en las condiciones que hicieran falta, unos lo llaman reformista, otros lo consideramos un eterno oportunista. De las seis décadas que pasó ostentando cargos en la política española, queda el eco de una frase que hoy se repite constantemente, “Fraga dedicó su vida a España”, él mismo lo dijo, y quizá es cierto que lo hizo, ya que todo lo que hizo por la dictadura hoy se lo devuelve nuestra bien querida democracia en forma de elogios, pero cuando los huesos de aquellos que no sólo dedicaron su vida, sino que se la dejaron defendiendo la libertad, se encuentran todavía desperdigados por las cunetas de todo el país, y los que sobrevivieron están falleciendo sin que nadie reconozca todavía su honrosa valentía y su incansable labor, a muchos nos avergüenza que hoy se llore a un verdugo como Iribarne, un criminal que afirmó con arrogancia que la calle era suya, que alegó con escalofriante frialdad que habría que ponderar a los partidos nacionalistas “colgándolos de algún sitio” y que, con el fervor católico que le caracterizaba, aseguró que la homosexualidad “es una anomalía”. Nos han hecho creer que la reconciliación ha sido ejemplar, que “don Manuel” supo adecuarse a una nueva era, que aprendió a convivir con la democracia preservado por el pacto de silencio que lo amnistió y logró disimular la sangre de sus manos. Si hasta lo vimos recientemente contando un chiste en un programa de humor. “Mirad la cara amable de los asesinos, reíd, pues los ejecutores y los torturadores también tienen sentido del humor, ¿es que no podéis olvidar y perdonarlos de una vez?”. Pues no, ni tan siquiera nosotros, los más jóvenes, podemos olvidar a Puig Antich ni perdonar Montejurra. La transición se permitió el lujo de perdonar por boca de quienes nunca perdonaron, de olvidar por quienes se negaron a olvidar y de equiparar a quienes atacaron con quienes se defendieron, y aquí nunca hubo paz y la gloria la acapararon los caídos por dios y por España, los sicarios de dios.

Así que ha muerto ese padre que nadie nos preguntó si queríamos tener, con loas y honores, con cristiana sepultura, recordado en televisión como “un hombre con muchos rostros”, pero somos muchos los que siempre recordaremos el único rostro que tuvo ése al que llaman hombre, el rostro de un tipo codicioso y siempre sediento de poder, un homicida cuyo pulso jamás tembló a la hora de ordenar ejecuciones y linchamientos, un prepotente y maleducado anciano que, digámoslo todo, no merecía morir así, sin juicio ni condena, sin justicia. Por eso algunos no nos alegramos de la muerte de don Manuel, porque hubiésemos preferido que la cama que lo vio irse hubiera sido la de una celda, y su sepultura, una zanja en una cuneta, como sus víctimas, como el perro que era.
- Kevin Laden -
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