Pero vamos por partes. En primer lugar y para que quede puntualizada mi opinión acerca del aborto, lo voy a dejar bien claro. Ni las leyes, ni los políticos, ni la moral cristiana tienen derecho a decidir si practicarse un aborto es bueno o malo para la mujer o el feto, y como el feto no tiene la suficiente capacidad para decidir si quiere o no nacer, (por mucho que los antiabortistas se empeñen en ponerles voz en sus emotivos carteles) es la persona que lleva a ese niño en sus entrañas la que ha de decidir si traerlo o no al mundo. No es que vea con buenos ojos que una menor quede embarazada en los baños de Pachá, pero ya que ha cometido ese lamentable error, creo que es justo que se le dé la oportunidad de enmendarlo tomando una decisión acorde a sus medios y a sus condiciones, sin que ningún ultracatólico con quince hijos le meta en la cabeza a la pobre muchacha que lo que va a hacer es cometer un asesinato que debería estar penado por la ley y por el mismísimo Dios, que la mandará de cabeza al infierno de las mamás asesinas. Claro que una menor de edad es posible que no siempre tome la decisión acertada y después se arrepienta el resto de su vida, cuando se dé cuenta de que los bebés de carne y hueso no dejan de llorar quitándoles las pilas.


También hay iluminados que han comparado ya el aborto con la tauromaquia, vinculando más de lo que ya estaba el eterno debate con las ideas políticas de cada cual. Alegando así que si matar a un animal es un crimen, hacerle lo mismo a un pobre niñito indefenso que todavía no se ha formado del todo es la mayor aberración que un ser humano puede cometer. La verdad es que sí, ahí nos han pillado estos cabrones, pues he visto a chicas cobrando una pasta que te cagas por practicarse un aborto en público mientras la gente de las gradas tras un cristal, gritaba y aplaudía con autentico fervor, vitoreando una y otra vez al doctor, que tras la intervención, se llevó orgulloso a casa las dos orejas y el cordón umbilical. Claro que sí hombre, con dos cojones. ¿O acaso van a ser ellos los únicos que digan barbaridades? ¡A eso no me gana ni Dios! Bueno, igual Dios no, pero algún que otro representante suyo sí que me ha desbancado del primer puesto…
“Matar a un niño indefenso, y que lo haga su propia madre, da a los varones la licencia absoluta, sin límites, de abusar del cuerpo de la mujer, porque la tragedia se la traga ella" – Javier Martínez, Arzobispo de Granada -
¡Toma ya! ¿A que lo que he escrito arriba ya no parece tan bestia? ¿O es que comparar la ley del aborto con el régimen de Hitler como hizo este señor no es una burrada con uve mayúscula? Y ya que me pongo a repartir hostias consagradas, esta va para el Foro español de la familia, porque los “progres” están a favor de la matanza de niños, pero no se llevan a sus hijos a las manifestaciones para hacer bulto. (Qué pícaro soy) Seamos sinceros, la vida hoy en día no está para criar a un hijo sola. ¿O es que no veis la que está liando Zapatero? No obstante, con crisis o sin ella, tampoco está la vida para alimentar demasiadas bocas, pues no todos podemos permitirnos procrear como conejos para después llevarlos a todos a un colegio concertado, pagarles el tenis o las clases de piano y vivir de las ayudas del estado. Es algo que no está al alcance de todo el mundo, señores, seamos rojos o multicolores, criar a un niño es duro para muchas chicas, y morir en una clínica clandestina no es muchísimo mejor que digamos. Pero si el aborto no es la medida adecuada, la educación sexual es inmoral y el preservativo y los anticonceptivos tampoco lo son, ¿Cuál es la solución? No me lo digan, miedo me dan.
Lo primero que deberían hacer, entre otras muchas cosas, es dejar de aconsejar al mundo, pues si por ustedes fuera, el continente africano entero habría muerto ya de SIDA. Y ya que predican y predican por el derecho a la vida, entérense de una cosa, el derecho a la vida también es el derecho a decidir.
- Kevin Laden -